A continuación y a modo inaugural, una pequeña tesis acerca de la relación entre Spider-Man y Sam Raimi.
Cuando Sony Pictures comenzó, hace ya varios años, la pre-producción del nuevo film de Spider-Man, no pensó en Sam Raimi como la primera opción. David Fincher, James Cameron, incluso el mismo Ang Lee fueron los primeros nombres que tuvo la productora. Pero por un motivo u otro les fue imposible a estos directores hacerse cargo del proyecto. Y por ahí andaba Raimi, director de culto, creador de una de las trilogías mas importantes del cine gore, director de uno de los films de superhéroes mas interesante de los noventa; en fin…Raimi se encargó de la titánica tarea de dirigir el que sería el segundo gran film de superhéroes del nuevo milenio.
Spider-Man (2002)
Durante el proceso de gestación hubo cientos y cientos de rumores acerca de la película. Que Alicia Witt iba a ser Mary Jane, que el enemigo iba a ser Octopus, que Nicolas Cage querías actuar, que el 11S había modificado de manera drástica el guión, etc.; lo cierto es que todos los fans alrededor del mundo esperaban con ansias –y temor- ver como se iba a comprimir en dos horas la historia de un personaje que llevaba sus espaldas décadas de historias personales.
En la etapa de difusión de un película basada en comics, es muy común ver al director hablado de lo mucho que le gustaban las historietas y lo afortunado que se siente al poder dirigir un film basado en ese personaje. Siempre, siempre pasa eso, y Spider-Man no fue la excepción. Días antes del estreno oficial había un bombardeo de imágenes de Raimi contando lo mucho que le gustaba el personaje y que desde chico lo leía y blablabla. Para los escépticos (y digo esto ya, Raimi siempre me pareció un director fabuloso) ver al hombre hablando tan bien del hombre araña solo significaba una cosa: este tipo en su vida había leído Spider-Man y ya esta queriendo comprarnos a todos con su supuesto amor a los comics. Pero el día del estreno llegó y no solo nos callaron la boca a los que íbamos un poco desconfiados, sino que Raimi nos regaló una película que se corresponde por completo al universo de Peter, donde figuran todos los elementos que lo marcarán a él de por vida (su familia, su pérdida, su vida de estudiante, M.J.). A Raimi se lo ve muy medido, moderado, como temiendo darle rienda suelta a ese amor por los zooms que siempre lo caracterizó ya desde la primer Evil Dead. Pero entendió al personaje y eso se nota. No solo lo entiende, sino que lo respeta y lo quiere.
¿Pero cuál es la importancia de Spider-Man para el cine de Sam Raimi y para el cine mainstream? Para el cine del director Spider-Man significa un paso en falso, porque si bien la película es casi perfecta, se nota que Raimi se moderó, que no aportó del todo su visión de las cosas por ir a lo seguro. La película es redonda pero no le hace honor al potencial que tiene el director. En cuánto al cine mainstream Spider representó (y luego del batacazo en taquilla que había sido X-Men) la consolidación de este subgénero.
Esta película fue la que terminó de abrir el juego y de demostrar que de los superhéroes se podían hacer grandes películas destinadas a todos los públicos. Un personaje podía ser oscuro, poseer una historia trágica y, a la vez, gozar de unos efectos digitales que conquisten indistintamente a niños, jóvenes y adultos. Y todo esto, a no confundir, es gracias al talento del director.
Spider-Man 2 (2004)
Y como estas sagas ya están concebidas como trilogías o tetralogías era obvio que en poco tiempo llegaría la segunda parte. Y si la primera nos había fascinado la segunda directamente nos voló la cabeza. Spider-Man 2 es probablemente la mejor película de superhéroes de la historia del cine. Ya se, esto puede sonar un tanto pomposo pero es innegable que pocos directores han entendido tan bien a un personaje como Raimi lo hizo con Parker. Y ese universo, cuyos primeros ladrillos habían sido colocados dos años atrás, se va consolidando para presentar a sus personajes en situaciones de crisis.
Y ahora se puede ver a un Raimi mucho más suelto, totalmente seguro de lo que quiere y sin miedo a experimentar. Esa experimentación y esa marca personal (de la que adolecía el primer episodio de la saga) se hacen palpables en escenas como cuando Octopus despierta en el hospital. Esa secuencia, calcada de Evil Dead, explícita el hecho de que Raimi ya se sabe dueño de la franquicia y que con ella puede hacer lo que quiera. El humor, otro ítem importante dentro de la filmografía del director, también se hace presente en este capítulo. Si recordamos, Spider-Man 1 no posee grandes momentos de humor, el clima de esa película es mas bien solemne y no permite mucho respiro. Pero en esta segunda parte, si bien la tragedia se presenta y es un film de momentos muy duros, el humor esta muy presente.
Esta es una película atrevida en términos de que se aleja del caos digital para acercarse al personaje e investigarlo. La crisis de poderes de la que es víctima Peter es a las claras una suerte de ataque de pánico. Parker es humanizado y, desde siempre, ese fue el punto más rico del personaje. Porque justamente Stan Lee lo pensó de esa manera, no como un superhéroe al que ningún villano le significa un reto real, sino como un joven que demasiado temprano tiene que asumir un rol para el que no esta preparado, que encuentra mayores retos en su vida civil que en su vida heroica. Raimi respeta esta idea y la lleva como timón de su película dando un film de una madurez insoslayable.
Spider- Man 3(2007)
Esta película es con la que los fans han adoptado posturas más extremas: o es la gloria absoluta o la peor basura. Y estas postura de total radicalidad suelen ser los resultados de, una vez más, la experimentación. Recapitulemos, si armamos una estructura que pudo haber utilizado Raimi para Spider-Man podríamos decir que: Spider-Man 1 fue lo seguro, fue un Raimi tranquilo, un director que se sabía como novato en una producción de este tamaño; que sabía que tenia buenas ideas pero no pensaba explotarlas por temor al fracaso. Spider-Man 2 fue la experimentación medida, ahí Raimi se soltó y fue a lo seguro pero no desde el terreno del Hollywood habitual, sino desde su propio terreno, ese que viene cimentando desde sus primeros cortos de terror. Finalmente, Spider-Man 3 fue el banco de pruebas por excelencia. Es la experimentación total desde el contenido y desde la forma. Es ver un director que se embarca en una historia gigantesca -si recapitulamos todo lo que sucede en este capítulo de la saga, y lo comparamos con los piratas, veríamos que en las dos primeras películas a Sparrow no le pasa ni la mitad de cosas que le pasan a Parker en solamente su tercer film-.
Y esta película, si bien no es la más redonda, si es la mejor en términos de poner en crisis la estructura planteada en los capítulos anteriores de la saga. Ver que todavía hay directores que no van a la fórmula segura para preferir arriesgarse es digno de admiración. Esta tercer parte de la trilogía cierra de manera perfecta y se mira a si misma con los ojos de la primera, pero habiendo cambiado el foco. Peter, Harry, Mary Jane y hasta Raimi inventaron un mundo y un universo tan sólido que pide un cambio, una nueva mirada. Y esa mirada proviene de echar un vistazo al pasado desde la óptica que da la madurez. Las situaciones se revierten, descolocando a sus protagonistas, pero principalmente al espectador. Y esa incomodidad en la que se coloca quien ve el film no es fácil ni es moneda corriente en el cine mainstream.
Esa incomodidad y ese estilo narrativo tan a contracorriente de estos tiempos se ve con claridad en dos escenas: el momento dark de Peter y en la cena donde hace su cameo el gran Bruce Campbell. La primera es una secuencia totalmente descontrolada donde vemos un Peter dándole rienda suelta a la imagen que le gustaría tener de si mismo. Este momento de la película no gusta al grueso del público, simplemente porque se aleja de la tónica de los otros films, y si bien queda en cada uno pensar si es fallido o no este intento de llevar el simbiote al a vida civil de Parker, es innegable que no cualquiera se permite un momento de imaginación tan grande y extenso en su minutaje (esta escena tiene su raíz ya en Spider-Man 2, en la secuencia donde suena Teardrops…). La segunda escena, la del mozo llevándole (o no) el anillo de compromiso, es un momento de gran lucidez dónde se ve en pocos minutos la esencia del film y de sus personajes. Por un costado está el elemento lúdico (personificado por Bruce), quién nos regala, como siempre, una actuación memorable. Y, por otro lado, la angustia total frente a la decepción amorosa que sienten los protagonistas. No es fácil llevar adelante un momento así, no resulta sencillo reírse cuando el marco en el que se desenvuelve esa risa es de una amargura absoluta. Ahí esta Peter, avergonzado por haber herido a la mujer que ama desde niño; también está M.J., quién siente el dolor por el fracaso amoroso y profesional. Y frente a un momento tan duro solo queda reír, y ahí esta Bruce Campbell. Este momento es angustiante pero Raimi sabe manejarlo, y no necesita sobrecargar la escena porque la esencia ya esta puesta en el tablero, y no hay necesidad de subrayarla mediante la solemnidad absoluta.
Este grupo de gente decidió tomar el camino más difícil. Decidió contar la épica de un hombre que se rige por códigos que le fueron legados por quienes fueron mas sabios.
Y Peter Parker, como el director del film, entienden que las cosas no están del todo bien y que pelear por el cambio es un deber generacional, ético y moral. Parker lo hace desde su lugar de hombre con corazón de héroe, y Raimi desde su rol de director perteneciente al establishment que intenta ofrecer algo más atrevido si se lo compara con la media de los films hollywoodenses. Y en una sociedad donde todos pelean por la comodidad, ver que todavía hay gente que no se conforma con lo seguro, es algo que hay que valorar.
Martín Fernandez Cruz
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